Desde las artes plásticas y el documental hasta el teatro, Carla Novi ha construido una trayectoria atravesada por la escritura, la investigación y el compromiso con temas sociales.
performance
Desde el aroma del café en Coatepec hasta la intimidad visceral de la escena, Ciro García ha construido una trayectoria donde el teatro no es una pose, sino un acto de fe y comunidad. Director, actor y gestor cultural, Ciro García ha logrado reactivar la
memoria escénica de su región mediante la creación del Festival de Teatro de Coatepec y la constante búsqueda de la verdad actoral.
Santaella comparte con Puerta Escénica sus primeros acercamientos al escenario, las enseñanzas que ha encontrado en la actuación, su experiencia como director y productor, su visión sobre el trabajo del actor y, especialmente, los nuevos proyectos que actualmente desarrolla.
“La Marimba de Chonta. II Conversatorio” se configura como una propuesta escénica expandida, donde la música funciona como eje articulador de una experiencia que integra relato, cuerpo, comunidad y memoria.
Explorar el pensamiento y proceso creativo de Catalina Santillán es adentrarse en una visión del teatro humanista, donde los recuerdos, el cuerpo y la emoción se convierten en ejes fundamentales de creación.
El Museo Industrial de Metepec revive su historia con teatro en un recorrido nocturno inolvidable.
La memoria obrera de Atlixco vuelve a latir entre los muros centenarios del Museo Industrial de Metepec – BUAP, gracias al estreno de “LOS DÍAS ERAN NUESTROS. Crónicas de una era obrera”, un monólogo teatral escrito y actuado por Marcelo Bojiganga.
Entre las décadas del 60 y 70 del siglo XX, Augusto Boal —dramaturgo, director y teórico brasileño— encontró en las ideas de Paulo Freire (autor de Pedagogía del oprimido) un faro para replantear la escena y la educación. Si Freire denunciaba la “educación bancaria”, en la que el maestro “deposita” saber sobre estudiantes pasivos, Boal propuso lo contrario: un teatro donde el espectador se convierte en espect-actor, capaz de intervenir en la escena y, con ello, en la realidad.
En los años sesenta, la contracultura transformó el arte en un acto de disidencia. Surgió el performance: efímero, crítico y corporal, ajeno a la ficción y cargado de potencia simbólica. En México, sus raíces se remontan al estridentismo de los años veinte y resurgen con fuerza en acciones como las de Jodorowsky o Cuevas, donde el arte se convirtió en protesta, intervención y presencia viva en el espacio público.
