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Puerta Escénica

Puerta Escénica es una agencia de noticias cultural y crítica teatral y cinematográfica.​ Noticias, entrevistas, crítica teatral, fotoperiodismo.

Ciro García: el teatro como encuentro, resistencia y memoria desde Coatepec

Desde el aroma del café en Coatepec hasta la intimidad visceral de la escena, Ciro García ha construido una trayectoria donde el teatro no es una pose, sino un acto de fe y comunidad. Director, actor y gestor cultural, Ciro García ha logrado reactivar la memoria escénica de su región mediante la creación del Festival de Teatro de Coatepec y la constante búsqueda de la verdad actoral.

CARTELERA

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Puerta Escénica, agencia de noticias culturales que desde 2017 ha acompañado y difundido el trabajo de creadores, compañías y proyectos independientes, tuvo la oportunidad de conversar con el creador veracruzano Ciro García, cuya trayectoria se ha construido desde Coatepec a partir de su convicción: el teatro no pertenece únicamente a las grandes capitales, sino que puede y debe arraigarse en las comunidades. En esta conversación, García comparte los orígenes de su vocación, su visión sobre la actuación y la dirección, el nacimiento del Festival de Teatro de Coatepec y el proceso detrás de Adiós, mi dulce sol…, obra del dramaturgo Marcelo Romero. que está por iniciar su novena temporada.

Una vocación que nació entre plantas de café

La relación de Ciro García con el teatro comenzó mucho antes de pisar profesionalmente un escenario. El primer recuerdo que identifica como el origen de su vocación se remonta a los seis años, cuando jugaba con sus primos en el patio de su casa, entre algunas matas de café.

En aquel espacio, García convertía las plantas en personajes. Tomaba sus ramas, las imaginaba como brazos y conversaba con ellas. Aquella experiencia infantil, aparentemente sencilla, representaba para él un territorio de imaginación, libertad y juego.

Ese vínculo con el territorio también sería determinante para su posterior decisión de desarrollar su trabajo en Coatepec. Elegir esta ciudad como centro de su actividad escénica significaba también reconocer y recuperar una memoria teatral que ya existía en la región.

El creador recuerda que Coatepec cuenta con antecedentes de actividad teatral que se remontan aproximadamente a 1918, con lo que identifica como el primer movimiento teatral de la zona. Desde esa memoria histórica surgió su intención de continuar construyendo un nuevo capítulo para las artes escénicas del municipio.

El actor y su verdad

A lo largo de su trayectoria como director independiente, García ha identificado tres constantes que atraviesan su manera de entender y hacer teatro: el actor y su verdad, el encuentro humano y la formación.

Su búsqueda parte de un principio fundamental: el actor no debe limitarse a fingir o mostrar una emoción, sino ejecutar una acción desde la verdad escénica. Le interesa un teatro capaz de construirse con pocos elementos, utilizando principalmente el cuerpo y la respiración para alcanzar una presencia auténtica.

E teatro también representa un arte del encuentro. Una de sus principales inquietudes está en aquello que sucede entre dos personas cuando realmente se escuchan sobre el escenario. Esa escucha, puede transformar una representación en una experiencia verdaderamente humana.

Ciro García

García considera necesario transmitir el conocimiento escénico de una generación a otra, pero no únicamente para formar intérpretes capaces de ejecutar instrucciones, sino actores que tengan la posibilidad de pensar, cuestionar y comprender lo que están haciendo.

Trabajar en Veracruz le ha permitido comprender que las artes escénicas no deben ser consideradas un privilegio de las grandes ciudades. Desde su perspectiva, el teatro constituye una necesidad y puede desarrollarse en cualquier comunidad siempre que exista una verdadera voluntad para hacerlo.

Su experiencia le ha enseñado que el teatro no necesita necesariamente de la grandilocuencia o de grandes infraestructuras, sino de verdad y compromiso.

Para García, hacer teatro fuera de la gran ciudad también implica construir comunidad. En este contexto, el talento por sí solo no resulta suficiente: es necesario desarrollar convicción, generar vínculos y encontrar maneras de sostener los proyectos.

Esta visión lo llevó a asumir también el papel de gestor y creador de espacios, entendiendo que, cuando las condiciones no existen, los propios artistas tienen que convertirse en constructores de las posibilidades para que el teatro suceda.

Festival de Teatro de Coatepec: convertir los espacios cotidianos en escenarios

El Festival de Teatro de Coatepec nació a partir de dos necesidades que García consideró urgentes. La primera fue de carácter social: la falta de espacios gratuitos y permanentes donde niños y jóvenes pudieran expresarse. La segunda fue artística: recuperar la tradición teatral de Coatepec y posicionar al municipio como un punto importante para las artes escénicas.

La propuesta buscó transformar los espacios cotidianos en escenarios vivos. De esta manera, el teatro comenzó a ocupar lugares que tradicionalmente no estaban destinados a una representación escénica.

Cantinas, parques, calles y otros espacios de convivencia se transformaron en puntos de encuentro entre artistas y espectadores.

Uno de los mayores logros para García ha sido precisamente observar cómo el teatro dejó de percibirse como un acontecimiento lejano para convertirse en parte de la vida cotidiana de la comunidad.

El público comenzó a apropiarse de las propuestas. Ya no se trataba únicamente de asistir a una función, sino de sentir que el teatro también pertenecía a quienes habitaban Coatepec.

Esta transformación también puede observarse en las cifras que García comparte desde su experiencia al frente del encuentro. De alrededor de 450 espectadores, el festival llegó a reunir a más de 800 familias con acceso libre al Teatro del Estado, además de llevar propuestas escénicas directamente a cantinas, parques y calles.

Para el creador, lo verdaderamente importante de este crecimiento no está solamente en el número de asistentes, sino en el cambio de relación que se produjo entre la comunidad y las artes escénicas.

El espectador dejó de ocupar únicamente el lugar de consumidor cultural. Se convirtió en parte de una comunidad que participa, habita y defiende el espacio teatral.

Ciro García

Adiós, mi dulce sol…: una historia de amor y despedida

Uno de los proyectos más significativos dentro de su trayectoria reciente es Adiós, mi dulce sol…, un unipersonal escrito por el dramaturgo poblano Marcelo Romero.

El texto llegó a García a través del maestro Ricardo Pérez Quitt, dramaturgo de Atlixco, Puebla, a quien García había adquirido libros en distintas ocasiones. Al acercarse al texto, encontró una historia que lo conmovió profundamente por la manera en que aborda una situación que, en algún momento de la vida, puede atravesar cualquier persona sin saber necesariamente cómo enfrentarla o cómo narrarla.

García identificó en la obra una historia de amor y entrega absoluta. Esa primera lectura fue suficiente para que surgiera en él la necesidad de llevarla al escenario.

Al conocer que Marcelo Romero también era originario de la tierra de Ricardo Pérez Quitt, decidió ponerse en contacto con el dramaturgo para solicitarle autorización para realizar el montaje. Romero aceptó con sus condiciones y, de acuerdo con García, le recordó que el teatro existe precisamente para que otras personas puedan llevar las historias a escena.

El proyecto ha encontrado una respuesta importante y actualmente se prepara para iniciar su novena temporada.

El trabajo de García frente a Adiós, mi dulce sol… implicó también una búsqueda particular como intérprete. Más que construir un personaje desde una aproximación tradicional, decidió trabajar directamente con la idea de una despedida. Su verbo conductor durante el proceso fue “retener”: retener con el cuerpo y con la mirada aquello que inevitablemente ya se ha ido. La frase resume una de las búsquedas más profundas de la puesta en escena: la necesidad humana de conservar aquello que amamos incluso cuando sabemos que ya no podemos hacerlo permanecer.

Un teatro que se adapta al espacio

Uno de los principales desafíos que García ha enfrentado con Adiós, mi dulce sol… ha sido precisamente la diversidad de espacios donde se ha presentado.

La obra ha llegado a sitios no convencionales, entre ellos cantinas y foros con escenarios reducidos. Esto ha obligado al creador a adaptarse a diferentes condiciones espaciales y a resolver constantemente los cambios de escenografía.

Sin embargo, lejos de considerar esta situación únicamente como una dificultad, García encuentra en los espacios pequeños una posibilidad artística: la cercanía. La reducción de la distancia física entre intérprete y espectador genera, desde su perspectiva, un vínculo mucho más íntimo y directo. El montaje puede entonces convertirse en una experiencia cercana donde la frontera entre quien actúa y quien observa prácticamente desaparece.

Después de años de trabajo independiente, tanto en la creación escénica como en la gestión cultural, García tiene un mensaje claro para las nuevas generaciones que buscan levantar sus propios proyectos: apostar por sus comunidades.

Para él, el éxito de un proyecto independiente no debería medirse únicamente por la posibilidad de llenar una sala durante un fin de semana en una gran capital. El verdadero alcance está en conseguir que las personas de la comunidad sientan que la escena también les pertenece; que puedan habitarla, reconocerla y defenderla.

Esta idea atraviesa toda su trayectoria: desde aquel niño que imaginaba personas entre las plantas de café, hasta el creador que hoy convierte cantinas, parques y otros espacios cotidianos en escenarios.

El teatro como acto de permanencia

La trayectoria de Ciro García muestra una concepción del teatro basada en la presencia, la comunidad y la permanencia. Su trabajo en Coatepec demuestra que las artes escénicas pueden encontrar caminos propios lejos de las grandes capitales y que una comunidad puede convertirse no solamente en espectadora, sino en parte activa de la experiencia teatral.

Ya sea recuperando la memoria teatral de una región, formando actores, impulsando un festival o llevando una obra como Adiós, mi dulce sol… a espacios no convencionales.

El teatro cobra sentido cuando logra establecer un encuentro verdadero entre quienes lo hacen y quienes lo reciben.

Ciro García

Su recorrido también plantea una reflexión sobre la función del creador independiente: no esperar a que las condiciones ideales aparezcan, sino construirlas desde el territorio, desde la comunidad y desde la convicción de que el arte puede generar espacios de encuentro incluso en los lugares más inesperados.

Puerta Escénica agradece a Ciro García por el tiempo, la confianza y la disposición para compartir esta conversación, así como por permitirnos conocer más de cerca su trayectoria, sus procesos creativos y su compromiso con el teatro independiente. Le deseamos que continúe fortaleciendo la escena en Coatepec y Veracruz, construyendo comunidad y llevando el teatro a nuevos espacios y públicos.