Puerta Escénica

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¿Decidir mirar hacia el pasado para entender las heridas del presente? Delirios de un escritor, del dramaturgo y director Alejandro Juárez, es una obra que se mueve entre la memoria sentimental y la nostalgia musical de los años sesenta. Con un elenco de 6 actores en escena, la puesta nos invita a revisitar una época marcada por la música romántica y el cine juvenil mexicano. En esta crítica reflexiono sobre cómo la obra dialoga con influencias teatrales y cinematográficas, y sobre la manera en que el recuerdo se convierte en motor dramático buscando su público.

Desde sus inicios en el Teatro Municipal de San Miguel hasta su consolidación como directora emergente en Lima, Perú, Karla Reluz comparte con Puerta Escénica nos comparte su opinión sobre el teatro como espacio de convivio, conciencia y creación colectiva. Descubre en esta entrevista su proceso que la impulsa a construir un arte escénico que dialogue con la realidad social de su país.

¿Te has puesto a pensar alguna vez cuándo y dónde se firmó el primer contrato teatral de la historia, o en qué momento los actores dejaron de ser aficionados ocasionales para convertirse en profesionales del escenario? La respuesta nos lleva al corazón del Renacimiento italiano, específicamente al 25 de febrero de 1545, en Padua, cuando un grupo de actores decidió algo que cambiaría para siempre la historia del teatro occidental: firmar un contrato para vivir de su arte.

Entre las décadas del 60 y 70 del siglo XX, Augusto Boal —dramaturgo, director y teórico brasileño— encontró en las ideas de Paulo Freire (autor de Pedagogía del oprimido) un faro para replantear la escena y la educación. Si Freire denunciaba la “educación bancaria”, en la que el maestro “deposita” saber sobre estudiantes pasivos, Boal propuso lo contrario: un teatro donde el espectador se convierte en espect-actor, capaz de intervenir en la escena y, con ello, en la realidad.

En los años sesenta, la contracultura transformó el arte en un acto de disidencia. Surgió el performance: efímero, crítico y corporal, ajeno a la ficción y cargado de potencia simbólica. En México, sus raíces se remontan al estridentismo de los años veinte y resurgen con fuerza en acciones como las de Jodorowsky o Cuevas, donde el arte se convirtió en protesta, intervención y presencia viva en el espacio público.