Tomás Urtusástegui, el reconocido dramaturgo del cual yo había leído contestó el correo electrónico de un ingenuo muchacho veinteañero. Me dio su autorización y desde ese momento nunca dejé de mantener comunicación con él.
Tomás Urtusástegui, el reconocido dramaturgo del cual yo había leído contestó el correo electrónico de un ingenuo muchacho veinteañero. Me dio su autorización y desde ese momento nunca dejé de mantener comunicación con él.