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La Ginecomaquia

El formato de teatro íntimo es igual de fundamental para concebir ambientes en la puesta en escena...

CARTELERA

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LA GINECOMAQUIA

El sábado 9 de abril el Colectivo Teatral Etcétera presentó “La Ginecomaquia”, original de Hugo Hiriart y bajo la dirección de Alejandro Carranza en la Rekámara Teatro íntimo.

La obra está basada en hechos reales ocurridos en la Ciudad de México en los años 70´s donde un grupo de enfermas mentales hospedadas (o mejor dicho, abandonadas) en el más desolado pabellón de un sanatorio, conocen el terror y el trauma de ser visitadas por la maldad en su estado puro, junto a cuatro enfermeras cuyos testimonios quedan grabados en esta obra llena de una atmósfera de suspenso, intriga y terror psicológico.

Hugo Hiriart es de esos autores que usa simbolismos en el lenguaje de sus textos de una manera muy peculiar, volviendolas poéticas y pertinentes en la actualidad. Tal es el caso de “La Ginecomaquia”, en la que señala con el dedo a las instituciones de salud y de justicia tan deficientes con las que contábamos en la década de los 70’s como para haber evitado la agresión sexual hacia un grupo de mujeres. El panorama no ha cambiado mucho: son incontables los relatos como éste que a diario se escuchan en las noticias, medios de información o redes sociales y que estremecen a la sociedad. La obra también habla acerca de la violencia normativizada en la mujer hacia el hombre, de la mujer hacia la mujer, los hijos o hacia sí misma; puede resultar incómodo pero sucede. Por lo mismo, es de gran aliento que este colectivo teatral esté pronunciándose al respecto de dichos temas aunque haya un riesgo latente al montar este tipo de textos: que la dirección encamine la obra hacia lo panfletario; que uno sienta lástima por los personajes.

Afortunadamente esto no pasa del todo, debido en gran parte al texto y a la música en vivo creada e interpretada por Roberto Mendoza, quien apoya a las actrices de manera certera en la búsqueda de atmósferas para transportar al público a un sanatorio y a las situaciones que se desarrollan entre los personajes (todos femeninos), sin caer en lo terrorífico que se menciona en la sinopsis de la obra.

El formato de teatro íntimo es igual de fundamental para concebir ambientes en la puesta en escena. Por otro lado, las transiciones en las que se realizan los cambios de vestuario y movimiento de escenografía -que consta de sólo tres cubos negros medianos- se hacen muy largas, generando un aletargamiento en el ritmo de la obra tornándola predecible, esto también por el uso de la iluminación en tonos verde-azules y rojos.

El trabajo de las actrices es bueno al interactuar con el público e improvisar algunas frases en escenas de las enfermeras y a la vez, impreciso en los juegos de espejo: no se entiende muy bien el porqué de dicho trazo y hace falta coordinación; algo parecido sucede con el pronunciamiento de los primeros diálogos de las enfermas mentales pues no quedan claras las imágenes desde la actuación y parece estar divorciado el texto del cuerpo y la voz.

No obstante, durante el transcurso de la obra las actrices van generando comunión y empatía, cada una crea personajes particulares construidos desde la forma, algunas de ahí parten hacia lo interior logrando matices acertados, tal es el caso de Betzabel Hernández y Day Carrazco.

Al finalizar la puesta en escena, una se va a casa con mucho para reflexionar: ¿en qué país vivimos para que sigan pasando estas atrocidades?, ¿Cómo ayudar a cambiar la situación? “La Ginecomaquia” tuvo temporada en la Rekámara Teatro íntimo (9 oriente #18, Centro)

Por Karla Ibarra